Coincidencias favorables

24 de mayo de 2004

Mi amigo Daniel estaba pasando un mal momento. Había estado trabajando en una tienda de ropa, donde ganaba poco dinero y lo habían echado por robar una chaqueta. En Chile, era actor y su exilio en un país extraño, con otro idioma lo había obligado a aceptar toda clase de trabajos, cada vez más lejos de su oficio. Quería aire fresco en su vida.

El acostumbraba ponerme en el rol de protectora, y entonces traté de saber qué es lo que le gustaría hacer, intentando ayudarle.

-  Quiero estudiar circo, dijo.

El no había hecho absolutamente nada. Ni siquiera sabía si existía alguna escuela. Era sólo un sueño vago que había venido a salvarlo de una inminente depresión.

Yo comencé algún discurso motivador para empujarlo y de pronto algo me hizo detenerme. Ibamos en auto, atravesando el norte de Paris, a almorzar en uno de nuestros restaurantes preferidos.. En una vereda, una pareja inusual estaba esperando la luz verde para cruzar la calle. Ella llevaba puesto un gorro de lana encajado hasta las cejas, un suéter ancho, falda larga y zapatones. Su rostro era luminoso, y al verlo. yo busqué el sol en el cielo brumoso, para descubrir si era su reflejo. Su compañero tenía un aspecto también dulce y relajado. Entre ellos se sentía una comunicación secreta y cómplice. Le dije a Daniel que los mirara y ya más lejos, arrastrados por el tráfico, me dio pena haber perdido la ocasión de conocerlos.

Llegamos al restaurante. De estilo Belle Epoque, con salas espaciosas, tiene clientes habituales que ponen sus servilletas personales en casilleros en el muro. Debido a sus bajos precios las personas que vienen son también de clases muy diversas. Esos aspectos y también su decorado te hacen sentir inmediatamente bien.

Nos sentamos y comenzamos a estudiar ese largo menú con una oferta de cincuenta platos diferentes. Algunos eran increíblemente baratos. Era una fiesta para Daniel, acostumbrado a contar los francos, cada vez que hace un gasto. El mozo se fue con nuestro pedido a la cocina.

Miré hacia la puerta y los vi entrar. La pareja que estaba en la calle estaba ahora de nuevo cerca de nosotros, en el mismo lugar. No podía ser casualidad. Le dije a Daniel que iba a invitarlos a nuestra mesa. Y diciéndolo, fui hasta ellos. Les conté rápido que los habíamos visto antes, que nos habían encantado y que queríamos conocerlos. Ellos aceptaron, sin dudarlo.

Luego de saludarnos y decir nuestros nombres, yo les pregunté qué hacían.

-  Estudiamos circo, contestaron.

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