Recorridos
- Del mismo autor
- Resistentes
- Zapatos
- Cuerpos Vivientes
- Coincidencias favorables
Al llegar a Paris, ciudad de destino de mi exilio, no ví a nadie de mi Partido esperándome. En su lugar, estaba un familiar lejano que me ofreció su casa para los primeros días de esa nueva vida. Luego fui a habitar un hogar destinado a los refugiados políticos.
Durante tres semanas no tuve noticias de mis compañeros y entonces se abrió para mí un tiempo vacío, sin obligaciones. Para llenar la espera, comencé a recorrer la ciudad, metiéndome en todos sus rincones.
Una tarde, fui a conocer Montmartre, yendo por Pigalle. Caminando me sorprendió una serie de tiendas pornográficas. Curiosa, decidí entrar a una. Había una variedad de revistas, videos, implementos para la autosatisfacción sexual o para encuentros sado-masoquistas. Recuerdo especialmente una muñeca inflable que me llenó de estupor. El dueño de la tienda se acercó a mí, preguntando si necesitaba ayuda. Yo le conté que venía de Chile y que había entrado sólo para conocer cómo era una de estas tiendas. Entonces conversamos un rato acerca de la situación chilena bajo el régimen de dictadura.
En el hogar donde estaba, había un grupo grande de latinoamericanos y algunos africanos. Yo era la única que sabía algo de francés y asumí naturalmente el rol de guía y traductora para los infinitos trámites del comienzo, en esa ancha cultura burocrática. Yo agregué los paseos en la ciudad, para compartir con ellos mis descubrimientos y compensar los malos momentos.
Un día, fuimos a Montmartre y yo hice el mismo recorrido anterior. Pasamos delante de las tiendas pornográficas y una de mis amigas se detuvo y quiso que fuéramos a conocerlas. Me resistí al principio, alegando que no valía la pena, que no teníamos nada que hacer allí. Sin embargo todos insistieron, ya que nunca habían estado en este tipo de lugares. Entonces, tuve que acatar la mayoría. Por una casualidad increíble, entramos a la misma tienda que ya había visitado. El dueño me reconoció y vino a saludarme: - Hola, qué bueno verte, ¿vienes con tus amigos?.
Nunca más me liberé de las bromas acerca de mis visitas secretas a las tiendas pornográficas.

