Uno

24 de enero de 2005

Estimadas mamás chilenas,

Les escribo desde la lejana y soñada Francia, desde las costas mediterráneas de la provence francesa. Buscando una manera de exprimir mi gusto por la escritura, entre pañales, mamaderas, cocina, quehaceres domésticos, etc. etc. y todo lo que ustedes muy bien conocen, me decidí por establecer un medio de comunicación con mi país a través de estas líneas.

Sólo deseo compartir mi vida, mi rutina, que no tiene mucho de extraordinaria, menos aun tratándose de una mama chilena con tres niños pequeños que no me dejan tranquila ni un minuto. Recuerdo mis años de soltera en Santiago, cuando soñaba con vivir una vida a la europea, y pues bien, aquí estoy, el que la sigue la consigue y tanto insistí que me vine a Europa a vivir una vida que no se diferencia en mucho de la de ustedes, aunque si debo reconocer que Francia es un país que nos facilita muchas cosas cuando hay niños de por medio, más aun cuando son tres y se nos llama familia numerosa para hacer la diferencia del común que no sobrepasa los 2 niños por pareja.

Con el pasar del tiempo he llegado a comprender por que los franceses me miran por la calle con cara de: pobrecita son tres!!! y los tres varoncitos !!! (Si, me digo hacia mis adentros, son tres y no olviden al marido con el que suman cuatro). No es común, somos escasas las familias con tres niños y al parecer para estimular el rol sagrado de mamá y ama de casa el gobierno nos ayuda económicamente para no abandonar este rol que también comienza a escasear. Aunque de esas ayudas no toco ni uno, todo se lo comen entre el marido y los niños, y para mí a lo más una mesada con la que no me alcanza ni para ir al peluquero.

Intento tomarme las cosas con “andina” para no terminar histérica. Me consuelo diciendo que no hay nada mejor que cada mamá cuide a sus hijos mientras son pequeños, pero a veces deseo salir arrancando del hogar dulce hogar y buscar un rinconcito para mí. La escritura ha resultado ser este rinconcito a las horas en que la mayoría se reposa, aunque en este preciso instante tengo al bebe a mi lado: aguuu! aguuuu !! aguuuuuuuuu!!!! Y entre tanto aguuuu intento concentrarme para terminar estas líneas de presentación. Bueno, por el momento estas anécdotas son mi puerta de escape ante esos momentos que todas conocemos en que lanzaríamos a cada integrante de la familia por la ventana para ver si saben volar, comenzando por el marido. Así evito un desastre mayor y hago de ustedes mis cómplices. Tal vez les alegre el día...

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