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Talca, Constitución, un tren, un terremoto...

Álvaro Jara es un chileno que vive en Oslo y al que el terremoto "pilló" en Talca. El día anterior lo pasó en Constitución. En este texto que nos hace llegar Vivian Schindler, Álvaro cuenta su "experiencia sísmica" y, justo antes, su viaje en el singular tren que va de Talca a Constitución.

Les voy a confesar una cosa : Siempre he tenido susto de los temblores y una de las cosas que ruego cada vez que vengo a Chile, es de no experimentarlos. Esta vez fue muy distinto ya que el destino me tenía preparada una sorpresa mayúscula.

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Photo : Ricardo González para La Nación

El terremoto me sorprendió en Talca, la ciudad que junto a Concepción son las más afectadas por este cataclismo grado 8.8. Fué el horror más grande que he vivido en mi vida. Todo comenzó muy violentamente a las 03.34 de la madrugada, salí rápidamente de la cama y no me explico como llegué sin ningún tropiezo hasta la puerta de entrada de la casa. A obscuras, saque la doble llave y corrí al jardin. Me aferré a la camioneta ya que era imposible mantenerse en pie mientras veia con horror que nadie salia de la casa. Mi madre, mi hermano Andrés, mi cuñada, mi sobrino y su mujer con un bebito de 10 dias no atinaron a salir, el horror los paralizó.

Aferrado del vehículo y con luna llena, lo cual permitía ver todo detalle, veía la casa saltar, el ruido era ensordecedor, horripilante, angustiante. El vehículo saltaba como un toro desbocado, los neumaticos se mantenían prácticamente en el aire ya que la fuerza del terremoto y sus vibraciones eran demasiado poderosas. La casa gemía por no ceder ante este monstruo sísmico y nocturno. Miraba al suelo y veía como se levantaba polvo, las piedras y piedrecillas saltaban y rebotaban como en un festival sincronizado del horror. Y no terminaba nunca, y su poder destructivo comenzó en cierto momento a aumentar aún más de intensidad. Pensé que en ese momento todo se derrumbaría. No sé a ciencia cierta si tenía miedo, pánico u horror durante esos dos minutos y algo que la bestia telúrica se mantuvo despierta. Solo creo que hice lo correcto en ese momento de tanta peligrosidad, salir a la noche estrellada. Cuando todo pasó, cuando este primer acto parecía haberse retirado a camarines y mientras la tierra toda se seguía meciendo lentamente, de un lado para otro, entré a casa y solo atinabamos a mirarnos los unos a los otros. Solo atinabamos a decir : chuchas, que fuerte, que fuerte !!

Llegó el momento de abrazarnos y ver que habíamos salido airosos de esta sorpresa nocturna. Revisamos la casa, rincón por rincón y pudimos constatar que esta estaba espectacularmente entera, sin una grieta por donde sangrar su dolor. Comenzamos a recoger todo lo quebrado y tumbado, que no era poco. Pero gracias a Dios, todos estabamos bien, al menos, enteros. Debo admitir que hoy, después de transcurrida casi una semana, siento que aún tengo un pequeño stress pos-traumático.

Quisiera contarles también que el día anterior al terremoto tomé un trencito casi de mentira que va de Talca a Constitución. Un trayecto de 80 klm que se cubren en algo más de tres horas. Un recorrido hermoso por la chilenidad del campo de este país. El tren recorre las laderas del rio Maule en completa calma, como si el tiempo quisiese darnos lo mejor de estos paisajes inolvidables. Despues de muchas y coloridas estaciones, llegamos al punto final del recorrido : Constitución. Un apacible pueblito construido mucho en adobe y antiguedad. Caminé durante apróximadamente una hora hasta llegar a sus playas de arenas negras y singulares roquerios, que han hecho de este lugar algo único de la costa pacífica de Chile. Fotografié muchísimos rincones de este peculiar lugar, su plaza, los personajes de la calle, una horda de perros callejeros, las tres mujeres en una esquina con sus canastos de "pan amasado". Se le construían nuevas veredas para que por ellas en el futuro caminase el tiempo en completa calma. Una calma bien "Constituída". Regresé a Talca por la tarde con mi cámara henchida de fotos, en el estomago reposando una rica sopa marinera acompañada de un rico vino blanco. Por supuesto, heladito !!

Pues bien, treinta horas más tarde, Constitución despertó de su calma y se transformó en la vitrina del horror. Sus pies fueron castigados por la furia telúrica y tsunámica que la naturaleza arrojaba a raudales en noche de luna llena. Nunca pensé al abandonar Constitución, que ese día apacible y caluroso, sería el último jueves de un febrero llorosamente rojo en el calendario de este rincón costero.

Pero la vida sigue su curso y este chilito me sigue tratando bien. Me gusta esta estadía en tierras conocidas y con mi familia !!

Cariños y un abrazo para cada uno de uds.

Alvaro


- Un documental sobre el tren de Talca a Constitución. Una joyita !



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