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Agua que no has de beber... ¡déjala correr, carajo ! (I)

Apoyándose en ejemplos como el del famoso Valle del Loira, cuyo río rodeado de castillos riega una de las tantas regiones vitivinícolas de Francia, Rodrigo Olavarria analiza la gestión del agua en Chile. Una gestión en la que, sostiene, "predomina en el discurso político y económico la visión que toda gota que va al mar se pierde". Primera parte.

Es consabido que los ríos son más que un stock de H2O, sin embargo predomina en el discurso político y económico en Chile la visión que toda gota que va al mar se pierde. Así los conglomerados económicos y los expertos políticos miran esos miles de metros cúbicos con lágrimas en los ojos, convencidos que se han perdido, que no se han aprovechado para seguir produciendo. Es una visión que reduce la sustentabilidad a su sola arista económica.

El connotado investigador de la Universidad de Zaragoza, Pedro Arrojo, realizó estudios sobre la transformación de una gestión productivista amiga del cemento en una gestión ecosistémica amiga de los cursos naturales de los ríos .

En su visita a Chile en el 2009 junto a la ex primera dama Danielle Mitterrand (tuve el privilegio de acompañarla y de organizar su agenda), repitió hasta el cansancio que las cuencas “son las principales fábricas de agua de calidad”. Está en nuestras manos el permitir que funcionen con un mínimo de interferencias con el objetivo de disponer de forma sostenible el agua, tanto en calidad como en cantidad.

Según el profesor Arrojo, la historia de la humanidad nos entrega numerosas experiencias sobre lo que sucede cuando se tratan a los ríos como un simple conducto de “recursos hídricos”. El resultado del impedimento a la “perdida” del agua a través de embalses y represas, como lo llama hoy el presidente de la sociedad nacional de agricultura de Chile, ha sido la expropiación y evacuación de poblaciones agrícolas y ancestrales, la evaporación de miles de metros cúbicos, la inundación de sitios arqueológicos, el estancamiento de los sedimentos y su posterior putrefacción (aumentando el impacto en el cambio global) y la grave disminución de los nutrientes terrestres que permiten el abono natural del delta y una rica vida marina en la zona de la desembocadura. Esto último obliga a los pescadores artesanales a abandonar las faenas ya que la fauna marina carente de nutrientes abandona esas zonas en búsqueda de aguas más ricas.

La Historia demuestra que más allá de una política hídrica que centre su plan en la construcción de infraestructuras, se requiere una política de gestión ecosistémica de las fuentes de aguas. Sistemas en los cuales los seres humanos estamos inlcuidos.

Esto lo ha comprendido la Unión Europea que dispone de una directiva marco que considera las cuencas como sistemas complejos que deben ser reestablecidos para mantener la seguridad hídrica de la zona. No existe hoy a nivel mundial sistema mejor logrado de gestión de cuencas, las que no se limitan solo a los territorios nacionales sino que también incluyen cuencas y acuíferos trasnacionales además de agencias nacionales e internacionales que permiten, por sobre los derechos de aguas, mantener un control sobre los proyectos económicos que deseen instalarse en las cuencas permitiendo así una disminución real del impacto de las crisis hídricas.

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El Loira en Amboise, última residencia de Leonardo da Vinci

El famoso río Loira

Un ejemplo de ello es el valle del Loira que con sus 1000 kilómetros es el cauce es el más largo de Francia. Se le conoce también como el río de los castillos, de esos que hacen pensar a los cuentos de hadas, en Leonardo Da Vinci (enterrado en uno de ellos) o en la grandeza de una Francia de reyes. De sus aguas se alimentan viñas que producen vinos reconocidos mundialmente y un meandro hídrico complejo que permite decir que es uno de los últimos ríos salvajes de Europa.

A fines de los 80 ese río fue objeto de una política de “domesticación” con grandes trabajos de infraestructuras decididos por el Estado central. La idea era hacer un stock de aguas para no “perderlas”. La oposición de la población local logró detener esos proyectos de “desarrollo” que en realidad terminaban con las características históricas de la cuenca. Gracias a las propuestas de los ribereños se concibió en 1994 el “ Plan Loire Grandeur Nature ” (Plan Loira Tamaño Natural) cuyo objetivo es “conciliar las necesidades de agua, las restricciones de seguridad y la preservación de la naturaleza mediante una gestión respetuosa hacia el río” . Para dar cabida a este plan se destruyeron en 1998 las dos últimas presas, Saint Etienne de Vigan y Maison Rouge, que estancaban su cauce.

(Continuará)


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