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¿Cómo fueron acogidos por Chile ?

Es un Chile en plena efervescencia en que se encontraron sumergidos, dispuestos a descubrir y entender las realidades sociales, económicas y políticas de un pueblo con una historia y una cultura también por profundizar día a día. No se trata aquí de realizar un análisis de esta situación, tampoco de presentar opiniones o testimonios de franceses al respecto, sino más bien de destacar de cierta manera elementos que favorecieron la integración de franceses en el Chile de principio de la década de los años ’70.

Siempre los chilenos con quienes hemos vivido nos han brindado una acogida respetuosa, fraternal y cariñosa, y nos parece que nuestro origen tenía algo que ver ; esto se sumaba a la cultura de acogida y de buen trato humano de los chilenos que los lleva en general a considerar a las personas sin prejuicios previos, lo que no existe siempre en los franceses, más desconfiados y lentos para establecer una relación de confianza. Esta mirada del pueblo chileno hacia los franceses tiene una suerte de base y expresión en muchos aspectos de su cultura y su vida. Entre otros, destacamos los siguientes que nos llamaron la atención.

• Para un francés que llegaba a Chile en las décadas de los ’60 y/o ’70, le saltaba a la vista una cierta presencia francesa, solamente al ver en las calles las famosas “citronetas”, no sin reírse de su carrocería “desformada”, o más bien “conformada” según un reglamento “a la chilena”. Llamaba la atención la arquitectura de la Estación Mapocho y del teatro municipal, y el metro, - en construcción en la época con la asesoría de ingenieros del metro de París -, hasta el “pan francés” y “Chez Henri”, sin olvidar “Le Grand Chic” o la “Villa Francia”.

• La enseñanza obligatoria del idioma francés aparecía también como un elemento relevante para mantener un lazo con Francia, y nos hacía gracia escuchar a niños de poblaciones, y a veces adultos, rumorear palabras en francés o cantar las primeras palabras de “La Marsellaise”, cuya melodía descubríamos ser también la del partido socialista chileno. No eran pocos los autores franceses cuyos nombres eran casi familiares, desde Victor Hugo, - cuyo homónimo aparecía como nombre de unos varones ...- , Marcel Proust y Baudelaire hasta Albert Camus y Saint-Exupéry, entre otros. Sin olvidar a Jacques Maritain, “padre” del pensamiento demócrata-cristiano, y en cierta medida a Emmanuel Mounier. Muchos eventos y fechas de la historia de Francia pertenecían al registro histórico de los chilenos, más allá de Napoleón y Luis XIV, o de la “toma de la Bastille” y la primera guerra mundial, lo que no ocurría con otras naciones. La Torre de Eiffel y Notre-Dame, Niza y los Alpes, entre otros lugares de la geografía de Francia, integraban el conocimiento popular chileno. Es evidente que estos rasgos tenían expresiones distintas según el nivel educacional y cultural de los que se referían a ellos, pero era un fenómeno muy generalizado, casi siempre con una nota de familiaridad, de simpatía, hasta de complicidad.

• Algo semejante se daba en el campo de la canción popular y no era extraño escuchar en los programas radiales a Edith Piaf, Charles Aznavour, Georges Brassens o Jacques Brel, cantando a veces en español, o Yves Montand, quien vino a Chile en 1971. En la misma línea, ¿quién no conocía a Brigitte Bardot o a Jean Gabin ?

• Si los profesionales y universitarios chilenos eran orgullosos de las reformas implementadas en sus principales universidades después de las tomas de los años ’67, un año antes del “mayo de 68” en Francia, conocían a veces con bastante profundidad lo que ahí ocurrió, con sus causas, consecuencias y debates, reconociendo que se trató de un fenómeno que abarcó tanto a la universidad, donde se dio el detonante, como a los trabajadores y la sociedad francesa entera, hasta extenderse a otros países europeos.

• En lo universitario y profesional, no solo muchos académicos y profesionales chilenos habían ido a estudiar en Francia, hasta que existía una asociación de ex-becados, sino además pensadores y artistas franceses han marcado el desarrollo del pensamiento y del arte en Chile, piénsese en Sartre y Gide, en Renoir y Rodin, o bien en Francis Poulenc y Pierre Boulez, sin olvidar el teatro.

• Políticos y/o algunos chilenos, más enterados de la cercanía de las historias de Chile y de Francia, no habían olvidado que ambos pueblos se dieron gobiernos de “Frente Popular” de constituciones semejantes y programas cercanos en el año 1936, lo que sin ninguna duda fue presente en la manera con que muchos franceses siguieron de muy cerca la tentativa de la UP para lograr el socialismo por la vía democrática.

• Del punto de vista de lo cristiano, se apreciaba el desempeño de los “Padres Franceses” y de las “Monjas Francesas”, y se notaba la copia del “Sacré-Coeur” de París. Más allá de estas expresiones, la Iglesia chilena representaba otro espacio en que uno podía reconocer rasgos próximos a algunos existentes en la experiencia de la Iglesia en Francia. La Acción Católica, sobre todo en el mundo popular, tenía una relación muy estrecha con la misma de Francia, y un buen número de sus asesores chilenos habían viajado a Francia ; por otro lado, algunos sacerdotes franceses que llegaron a Chile lo habían sido en su país de origen. Algo semejante se dio en cuanto a la pastoral universitaria. Igualmente, sacerdotes chilenos empezaron a asumir una vida de trabajo sea de manera independiente sea en fábricas y/o oficinas inspirándose en aquello de la experiencia de los sacerdotes-obreros franceses ; algunos de ellos ya estaban viviendo en esta condición en Chile. En las celebraciones litúrgicas, un sinnúmero de cantos creados en Francia en el período post-conciliar y traducidos, se utilizaban en Chile.

No es despreciable la influencia de teólogos, instituciones o publicaciones franceses en el pensamiento cristiano chileno, entre otros Yves Congar y Léon Lebret, los jesuitas de la “Action Populaire”, o “Masses Ouvrières”. En varios ambientes cristianos chilenos, se hacía referencia a la experiencia de los monjes ecuménicos de Taizé ; por otro lado, la espiritualidad del Padre de Foucault tenía varias expresiones, dentro de las cuales los Hermanitos y Hermanitas de Foucault.

Cuando se inicia el proceso de la UP, un grupo de sacerdotes franceses (Bernard Hurault y Ramón Ricciardi) estaban empeñados en la traducción de la “Biblia Latinoamericana”, no sin la colaboración, entre otros, de famosos exegetas franceses que habían publicado unos 15 años antes la “Bible de Jérusalem”.

• Come consecuencia, en lo que se refiere a su acogida y respeto de parte de los chilenos, nos sentíamos privilegiados en comparación a expatriados de otras naciones, pues su relación, profesional y/o social, se iniciaba con elementos previos favorables.

• En el seno de la colectividad francesa en Chile, en su gran mayoría conservadora y de derecha, existían algunas asociaciones animadas exclusivamente por franceses pertenecientes a estos, y la única actividad que congregaba a franceses de toda tendencia era la celebración del 14 de julio en la residencia del Embajador, en que un “representante” de la colectividad daba cuenta de las actividades de las asociaciones aludidas. Si bien en la época existían Institutos culturales, los franceses no solían participar en sus actividades culturales consideradas “para los chilenos” ; dentro de estos establecimientos, los de Santiago y de Valparaíso en particular tuvieron una relativa sintonía con el proceso de la UP, lo que les permitió jugar un papel de defensa de la cultura chilena, y de artistas, post-golpe.


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