Portada del sitio > Francochilenos 2010 > Érase una Voz... > Jessica Ulloa > Cuerpos Vivientes

Cuerpos Vivientes

Miércoles 16 de junio de 2004, escrito por Yessica Ulloa

Tomé el primer tren de la mañana. Miraba el nombre de cada una de las estaciones que pasaban y revisaba a cada rato la dirección del hospital traumatológico. Iba a ver a Carmen, internada allí, después de un accidente.

Al bajar del tren, obsesiva pregunté a varios transeúntes por la dirección. No era necesario. El hospital era absolutamente visible; situado al centro de un minúsculo villorrio.

Llegué al fin a la pieza de Carmen, la 231, al fondo de un segundo piso oscuro. Abrí la puerta y me quedé en el umbral, tanteando. Ella tenía el mismo rostro de siempre y sonreí aliviada.

 Gracias por venir, me dijo.

Hablamos del viaje y su desgracia, en el mismo tono. Al verla tan tranquila, recuperé la calma.

De pronto, se fue acercando un ruido confuso que no lograba reconocer: metálico, duro, deslizante. Carmen dijo rápido que había invitado a sus amigas para que me conocieran. Le contó que esas mujeres estaban solas, abandonadas, que no venía nadie a verlas.

Se abrió la puerta y fueron entrando jorobadas, mujeres con cabezas dislocadas y protuberantes, otras sin piernas o sin brazos; en muletas, en sillas de rueda, arrastrándose. Quedé atrapada en el asco y mi vergüenza, sabiendo que mis ojos abiertos, mi palidez, mi respiración entrecortada, estaban delatando repugnancia. Me rodearon y empezaron a tocarme, a besarme, babeando sobre mi piel y mi blusa azul. Queriendo escapar de ahí, cerré los ojos. No lograba contenerme y sentía que estaba a punto de estallar en vómitos.

Abrí nuevamente los ojos, aterrada, para medir el odio que podía provocarles mi rechazo. Sólo vi sonrisas y gestos amistosos. Carmen también reía y hacía el elogio de lo buena amiga que yo era, viniendo a verla de tan lejos. Fue como un salvavidas. Me aferré a ese rostro, esos ojos normales, esa boca.

La risa de Colette me sacó de ahí. Maniobrando con sus dos muletas, se ponía un rojo fuerte en los labios, sobrepasando sus contornos retorcidos. Ana, una de las jorobadas, contó que Colette quería estar bonita porque estaba enamorada. Y todas empezaron a vocear:

 ¡Colette está enamorada, Colette está enamorada, Colette está enamorada!..

Recordé esas burlas de mis hermanas y compañeras de colegio, cuando me gustaba Iván, cuando yo era el centro de la mofa. Y me eché a reír. Olvidé los cuerpos incompletos y deformes y me uní a ellas en carcajadas.
Carmen tiró las sábanas. Entonces vi sus muñones.

 Salgamos de este encierro, dijo.

Y nos fuimos riendo por la calle, yo empujando una camilla, con todas encima amontonadas, mientras iban destapando cervezas y cantando hacia la playa.